Un estudio realizado por Erika Villavicencio-Ayub, coordinadora e investigadora de psicología organizacional de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), reveló que al menos el 35% de los mexicanos de entre 29 y 45 años de edad se consideran adictos al trabajo y esta condición se agudiza por el uso de tecnologías como dispositivos móviles, correo electrónico, redes sociales y WhatsApp.

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el 43% los mexicanos padecen estrés laboral, puesto que se trata de la nación que más horas trabaja, pero que tiene menores índices de productividad dentro del grupo de países miembros.

Trastornos gastrointestinales, incremento en consumo de café, alcohol o tabaco, dolores musculares, migrañas, resfriados frecuentes, insomnio, depresión, ansiedad, neurosis, ausentismo y conflictos familiares, incluido el divorcio son las consecuencias que puede traer el estrés a causa de malas condiciones laborales.

De acuerdo con la UNAM, los mexicanos padecen trastornos psicosomáticos, emocionales y físicos por las malas condiciones en las que laboran.

En su estudio, Villavicencio-Ayub se refirió a lo que denominó como “presentismo”, es decir, estar en el centro laboral sin ser productivo, de acuerdo con la investigadora, este estado se presenta en uno de cada tres trabajadores. Agregó que el 40% de los mexicanos sufre el síndrome de burnout (desgaste) que induce a la indiferencia, insatisfacción personal y frustración, e incluso infartos por la sobrecarga laboral.

Esto demuestra, consideró la experta, que la “fórmula empresarial” actual no está funcionando y ocho de cada 10 empresas se desarrollan con una cultura laboral tóxica y no atienden de raíz la verdadera responsabilidad que tienen con sus empleados.

Con sus 2,257 horas anuales de trabajo, México no sólo sobrepasa por mucho la media de las naciones de la OCDE (1,744), y casi duplica el tiempo trabajado en Alemania durante un año (1,356).

Irónicamente, México no es el país más productivo de la OCDE, pues de hecho registra uno de los niveles más bajos en este aspecto, en contraste con sus miles de horas trabajadas.

La adicción al trabajo es la necesidad compulsiva, excesiva e incontrolable de realizar una actividad laboral, y el uso de las nuevas tecnologías (con teléfonos inteligentes, tabletas e Internet) es un factor clave para promoverla.

A pesar de sus consecuencias negativas, 85 por ciento de las empresas en México recompensa ese trastorno ocupacional, y con ello se vuelven tóxicas. “Pareciera que es benéfico que tengamos gente demasiado trabajadora; pero es importante distinguir entre ser adicto y ser productivo”, aclaró la experta en salud ocupacional.

La adicción al trabajo es un trastorno que se puede medir, tratar y prevenir. Se caracteriza por un perfil específico: personas que laboran más de 50 horas a la semana y cuyas prioridades e intereses se centran en las actividades laborales.

Es un fenómeno que no distingue nivel socioeconómico ni empresas públicas o privadas, y aunque es más común en puestos gerenciales y directivos, también se presenta en niveles operativos y medios. Tampoco hace diferencias de género y las estadísticas se están equilibrando ante la presencia de más mujeres en niveles de mayor responsabilidad.

Cuando los adictos al trabajo se separan un poco de ese ámbito se sienten culpables y ansiosas. Suelen ser competitivas, perfeccionistas y poseen gran energía que los lleva a hacer varias cosas al mismo tiempo. Les cuesta desconectarse –aun cuando están enfermos– o irse de vacaciones. Suelen llevar sus labores a casa. Los fines de semana están todo el tiempo conectados a Internet, a altas horas de la noche atienden correos y llamadas.

Según los expertos, el tratamiento para esta adicción puede ser de dos tipos: primario, a nivel de prevención, cuando se presentan los primeros indicadores, y secundario o de corrección.

El primero consiste en lo que el propio adicto y sus grupos sociales pueden hacer un autodiagnóstico –lo que no es fácil porque el primer síntoma es la negación– con ayuda de la familia y amigos, y adquirir herramientas de gestión del tiempo para reacomodar la agenda.

Según las conclusiones del citado estudio, en las empresas debe haber un diagnóstico interno centrado en las cargas de trabajo y horarios, para establecer un programa de desarrollo que incluya campañas de sensibilización sobre estos trastornos, horarios flexibles y atención psicológica, entre otros,

Las empresas y las instituciones necesitan gente competente, más que competitiva, pero sólo puede ser así si son individuos sanos, concluyó Villavicencio-Ayub.

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